El problema era que la rabia nos habia cegado...como la niebla cuando no te deja ver el mar. Pero al final, la niebla se fue. Y acabamos mojandonos los pies en la orilla.
Y es que habiamos estado demasiado tiempo contenidos, viendonos a diario, durmiendo pared con pared, casi oyendonos respirar. Demasiado tiempo separados, parados en la cuneta pero ahora habiamos entrado en una autopista de cinco carriles sin limites de velocidad y con la quinta metida. Juntos hasta el final.
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