-¿No me vas a decir nada? ¿No me vas a decir lo que estás pensando? Por favor –murmuró él. Podía sentir su aliento en mi mejilla, y pasaron unos cuantos segundos antes de que pudiera pensar de nuevo.
Sus ojos me hicieron olvidar que me sentía avergonzada, que no quería volver a hablar de ese asunto en mi vida.
-Si tuviera que escoger a alguien, a cualquiera, para quedarme abandonada en un planeta desértico-susurré, y sol que brillaba entre nosotros ardió más fuerte-, sólo te escogería a ti. Y no es…, no es hablar por hablar. Cuando me tocas…-Dejé que mis dedos rozaran ligeramente la piel cálida de su brazo y sentí cómo se elevaban llamas en las yemas. Su brazo se apretó a mí alrededor en respuesta. ¿También sentía él ese fuego?-. Bueno, cuando me acaricias no quiero que pares.-Querría haber sido más precisa, pero me faltaban las palabras. Sí, ya era bastante malo haber admitido todo eso-. Si no sientes lo mismo, lo entiendo. Quizá no signifique lo mismo para ti. Y me parece bien.-Mentira.
- Oh, Mel – suspiró en mi oído, y giró el rostro para encontrarse con el mío.
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