Al día siguiente, Babi se despierta y, mientras los últimos rastros de sal abandonan su pelo bajo la ducha, recuerda emocionada la noche anterior.
Desayuna, se deprede de su madre y sube al coche con Daniela, lista para ir al colegio como todas la mañanas. Su padre se para en el semáforo que hay bajo el puente de la avenida de Francia. Babi aún está medio dormida y distraída cuando lo ve. Apenas puede creerlo. En lo alto, por encima de los demás, sobre la blanca columna del puente, un graffiti domina al resto, imborrable. Está allí, sobre el frío mármol, azul como sus ojos, tan bonito como siempre lo deseó. Su corazón se acelera. Por un momento, le parece que todos pueden oírla, que todos pueden leer aquella frase, justo como está haciendo ella en ese momento. Está allí, en lo alto, inalcanzable. Allí adonde solo llegan los enamorados: <<Tú y yo… Tres metros sobre el cielo>>.
